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13 julio, 2024
Petróleo y Gas

Cambio de expectativas

Parece sobrevolar sobre el país nuevamente un gran optimismo en temas de energía. Los mercados financieros adelantan y así podemos ver a nuestra empresa emblema YPF triplicando su valor en el último año (nota: todavía está lejos del máximo alcanzado en los años previos a la nacionalización del 2012 que…

Parece sobrevolar sobre el país nuevamente un gran optimismo en temas de energía. Los mercados financieros adelantan y así podemos ver a nuestra empresa emblema YPF triplicando su valor en el último año (nota: todavía está lejos del máximo alcanzado en los años previos a la nacionalización del 2012 que es 5 veces mayor que el valor actual).
Ampliaciones de ductos, planes de desarrollo, nuevos puertos, plantas de licuefacción suenan mientras la macroeconomía trina con inflación desorbitante y escasas reservas internacionales.
Vaca Muerta, el offshore y el litio argentinos vuelven a escucharse en Latinoamérica y en el Mundo. ¿Podrán esta vez? ¿Podremos? Es tan grande el potencial que hasta varias empresas internacionales se preguntan, ¿es el momento de volver a mirar a ese país de manejos económicos extravagantes en la punta del mapa?
La disparada de precios internacionales de la energía, convirtiéndolo en un activo cada vez más estratégico, hace que el contexto ayude y estemos viendo “pasar la oportunidad” y nos preguntemos, ¿hasta cuándo las veremos pasar?
Hace 20 años un jefe me dijo “la globalización nos va a salvar” en el sentido que sería una fuerza tan fuerte que superaría nuestras ineficiencias políticas locales, por ahora no ha sucedido. ¿Será el momento?
En el plano local, en energía pareciera no haber grandes diferencias sobre hacia dónde hay que ir. El dilema es más bien el cómo y ahí entra la macroeconomía. ¿Cómo desarmar los desequilibrios fuertes que hay normalizando la economía sin que vuele por los aires?
Este año 2023 es difícil porque es electoral de transición en contexto económico delicadísimo. En las transiciones “no hay tiempo” para hacer un plan estructural. Vivimos de las medidas aisladas del plan “para llegar”: control de precios, restricciones a las importaciones y controles de cambios.
Solo faltan 10 meses para que asuma un nuevo gobierno (sea opositor u oficialista) y tenga una oportunidad de oro. Allí no habrá tiempo para improvisaciones. El país y la sociedad no los soportarían.

Por Daniel Dreizzen

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