Pareciera que después de muchos años vuelve a haber compras y ventas de áreas petroleras en la Argentina. En general, cuando hay mucha volatilidad es difícil que las partes se pongan de acuerdo sobre un valor. La relativa calma macroeconómica, la salida de empresas internacionales y el reajuste del portafolio de las compañías hacia el no convencional, ha reavivado este mercado.
Que Pluspetrol haya pagado 1.700 millones de dólares por activos no convencionales a desarrollar de ExxonMobil, es una clara muestra de la confianza que hay de que la Argentina llegue a exportar un millón de barriles por día al comienzo de la próxima década.
Al alba de la siguiente transición energética, nos convertiremos en “un país petrolero” y nadie se quiere quedar sin el oil de Vaca Muerta. Geopark ya había vuelto al país en la primera mitad del año asociándose con Phoenix Global Resources al quedarse con su parte norte. No sorprendería ver más operaciones, dada la gran superficie que hay y la falta de fondos para invertir. Nuevos pilotos de petróleo de Tecpetrol, Pampa Energía y Capex Capsa ratifican este rumbo.
Estas son grandes movidas tomadas por empresas privadas de forma individual y compitiendo. Si la Argentina pudiera mejorar en lo que se refiere a colaboración y trabajo en equipo, las fronteras de posibilidades se ampliarían.
En el momento que se precisan coordinar acciones o intereses para compartir y construir infraestructura, se complica. Parece obvio que para desarrollar algo tan grande es necesario colaborar, sin embargo, muchas veces el sobrefoco en los intereses individuales no permite desarrollar el prolífico bosque.
Al país, le iría mejor si aplicara más esta palabra que está de moda: coopetición (traducida en español) o coopetition: competir y cooperar.
Por Daniel Dreizzen
